
Desterrando estigmas: más allá de los clichés mediáticos sobre la migración
La migración internacional ya no es un fenómeno excepcional. Forma parte de la realidad social, económica y demográfica del siglo XXI.
Según los datos incluidos en este análisis, durante 2024 existían alrededor de 304 millones de personas migrantes en el mundo, una cifra que prácticamente duplica los niveles registrados en 1990.
Chile tampoco está ajeno a esta transformación. El Censo 2024 registró 1.608.650 personas nacidas fuera del país, equivalentes aproximadamente al 8,8 % de la población nacional.
La comparación histórica permite dimensionar el cambio: mientras en 1992 la población nacida en el extranjero representaba cerca del 0,8 %, actualmente su presencia es significativamente mayor.
Más que una discusión estadística, estas cifras plantean una pregunta de fondo:
¿Cómo debe responder una sociedad cuando la migración pasa a formar parte permanente de su realidad?
La respuesta no puede construirse únicamente desde el miedo, la criminalización o los estereotipos.
Migración y estigmatización: cuando el relato reemplaza a las personas
Una de las mayores dificultades del debate migratorio es la tendencia a presentar a la población extranjera como un grupo homogéneo.
En determinados discursos públicos y contenidos mediáticos se vinculan reiteradamente conceptos como:
- Migración.
- Delincuencia.
- Crimen organizado.
- Terrorismo.
- Irregularidad.
- Inseguridad.
El problema aparece cuando hechos atribuibles a personas determinadas se transforman en una característica atribuida a toda una nacionalidad o a toda la población migrante.
La responsabilidad penal es individual.
La nacionalidad, por sí misma, no convierte a una persona en delincuente.
Generalizar no solo distorsiona la realidad, sino que puede generar rechazo social hacia miles de personas que trabajan, estudian, forman familias, pagan impuestos y desarrollan su vida cotidiana en Chile.
Detrás de una migración existe una historia
También resulta necesario comprender por qué las personas migran.
No todos abandonan su país por las mismas razones.
Entre las causas pueden encontrarse:
- Crisis económicas.
- Inestabilidad política.
- Violencia.
- Persecución.
- Falta de oportunidades.
- Reunificación familiar.
- Búsqueda de trabajo.
- Estudios.
- Emergencias humanitarias.
- Necesidad de ofrecer mejores condiciones de vida a sus familias.
Reducir todas estas historias a la categoría de “problema migratorio” impide comprender la verdadera complejidad del fenómeno.
Informar no significa estigmatizar
Los medios de comunicación cumplen una función esencial en una sociedad democrática.
Informar sobre delitos, irregularidad migratoria o problemas de seguridad es legítimo y necesario.
Pero existe una diferencia entre informar sobre un hecho y convertir la nacionalidad del responsable en el centro de la narrativa cuando ese elemento no resulta determinante.
La información debería permitir distinguir entre:
una persona que cometió un delito
y
millones de personas que comparten una nacionalidad o condición migratoria y que no tienen relación alguna con ese hecho.
Una cobertura responsable permite informar con rigor sin alimentar hostilidad hacia comunidades completas.
Control migratorio e inclusión no son conceptos opuestos
Defender los derechos de las personas migrantes no significa sostener que un Estado deba renunciar al control de sus fronteras.
Chile tiene derecho a:
- Fiscalizar el ingreso al territorio.
- Controlar la permanencia de extranjeros.
- Establecer requisitos migratorios.
- Sancionar infracciones.
- Combatir el tráfico ilícito de migrantes.
- Perseguir delitos.
- Ejecutar decisiones administrativas conforme a la ley.
Pero esas facultades deben ejercerse respetando:
- El debido proceso.
- La igualdad ante la ley.
- La dignidad de las personas.
- La unidad familiar.
- Los derechos de niños, niñas y adolescentes.
- Las garantías establecidas por el ordenamiento jurídico.
Orden migratorio y respeto por los derechos fundamentales pueden y deben coexistir.
Migrantes sin antecedentes, pero altamente vulnerables
Una de las realidades menos visibles es la situación de personas extranjeras que no poseen antecedentes penales y, sin embargo, enfrentan importantes obstáculos administrativos.
Muchas:
- Trabajan.
- Cotizan.
- Pagan impuestos.
- Arriendan viviendas.
- Tienen hijos escolarizados.
- Mantienen vínculos laborales.
- Han construido una vida familiar en Chile.
Aun así, una situación migratoria irregular puede colocarlas en una posición de especial vulnerabilidad.
La irregularidad administrativa no debe confundirse automáticamente con criminalidad.
Una persona puede incumplir una norma migratoria sin haber cometido un delito.
Esta distinción resulta esencial para mantener un debate público serio.
Cuando las personas cumplen, pero el sistema también falla
No todos los problemas migratorios nacen de una conducta del extranjero.
También existen situaciones en las cuales aparecen:
- Errores administrativos.
- Registros migratorios inconsistentes.
- Demoras prolongadas.
- Solicitudes pendientes durante años.
- Documentos que no aparecen correctamente incorporados.
- Ingresos o salidas mal registrados.
- Resoluciones poco fundamentadas.
- Diferencias de criterio entre procedimientos.
Una persona puede incluso poseer documentación chilena y posteriormente encontrarse frente a inconsistencias administrativas que debe aclarar.
Por ello, un sistema migratorio eficiente no solamente exige obligaciones al extranjero.
También exige una Administración:
coordinada, eficiente, transparente y capaz de entregar respuestas oportunas.
Procesos migratorios que duran demasiado
La incertidumbre administrativa genera consecuencias reales.
Cuando una solicitud de residencia permanece durante largos períodos sin resolución, la persona puede enfrentar dificultades para:
- Trabajar.
- Renovar documentos.
- Contratar servicios.
- Bancarizarse.
- Viajar.
- Acceder a determinadas prestaciones.
- Planificar su vida familiar.
- Acreditar correctamente su situación migratoria.
La eficiencia administrativa no es únicamente una cuestión burocrática.
Puede afectar directamente la integración de una persona en la sociedad.
Políticas migratorias: la norma no basta
Chile posee legislación, reglamentos, subcategorías migratorias y procedimientos administrativos.
Sin embargo, una política pública no debe evaluarse solamente por lo que establece una norma.
También debe analizarse:
¿Puede ejecutarse correctamente?
¿Existen canales regulares realmente accesibles?
¿Los procedimientos son comprensibles?
¿Las instituciones tienen capacidad para resolverlos?
¿Las respuestas llegan dentro de plazos razonables?
¿Los requisitos pueden ser cumplidos en la práctica?
Cuando existe una distancia excesiva entre la norma y su implementación, aumenta el riesgo de irregularidad.
La irregularidad migratoria también debe analizarse desde sus causas
Es fácil concluir que toda persona irregular simplemente decidió incumplir la ley.
Pero la realidad puede ser más compleja.
Una situación irregular puede originarse por:
- Ingreso por paso no habilitado.
- Vencimiento de un permiso.
- Falta de renovación.
- Rechazo de residencia.
- Demoras administrativas.
- Imposibilidad documental.
- Cambios normativos.
- Falta de mecanismos regulares disponibles.
- Errores dentro de procedimientos anteriores.
Esto no elimina la obligación de cumplir la normativa migratoria.
Pero sí permite diseñar políticas más eficientes.
Si se quiere reducir la irregularidad, no basta con sancionar sus consecuencias.
También es necesario estudiar por qué se produce.
Fiscalización sí, explotación no
Un sistema migratorio ordenado también debe fiscalizar a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad de las personas extranjeras.
Un trabajador migrante irregular puede quedar especialmente expuesto a:
- Remuneraciones inferiores.
- Jornadas excesivas.
- Falta de cotizaciones.
- Contratos inexistentes.
- Amenazas.
- Despidos arbitrarios.
- Condiciones laborales precarias.
La fiscalización migratoria no debería recaer exclusivamente sobre el extranjero.
También debe existir una actuación efectiva frente a empleadores que utilizan la irregularidad como mecanismo de explotación.
La migración y el desafío demográfico de Chile
Otro aspecto relevante es la composición etaria de la población migrante.
La incorporación de personas jóvenes y económicamente activas puede tener efectos importantes en una sociedad que enfrenta un proceso progresivo de envejecimiento.
La población migrante puede contribuir mediante:
- Trabajo.
- Emprendimiento.
- Cotizaciones previsionales.
- Consumo.
- Pago de impuestos.
- Innovación.
- Diversidad cultural.
- Renovación demográfica.
Esto no significa que la migración, por sí sola, resuelva los problemas económicos o demográficos del país.
Significa que una política migratoria adecuadamente gestionada puede transformar un desafío en una oportunidad.
El objetivo no debe ser “migración sí” o “migración no”
El debate público suele plantearse desde posiciones extremas.
Pero la discusión verdaderamente útil debería preguntarse:
¿Qué migración necesita Chile?
¿Cómo se gestiona?
¿Cómo se mantiene el control?
¿Cómo se favorece la integración?
¿Cómo se sanciona a quien incumple?
¿Cómo se protege a quien cumple?
¿Cómo se evita la explotación?
¿Cómo se garantiza un procedimiento justo?
La respuesta no está en eliminar los controles.
Tampoco está en criminalizar de manera generalizada.
Está en construir un sistema capaz de combinar:
orden + control + integración + derechos + eficiencia institucional.
Del prejuicio a la inclusión consciente
La inclusión no significa desconocer los problemas asociados a la migración.
Significa enfrentarlos sin convertir a millones de personas en responsables colectivos de las conductas de algunos.
Una política migratoria moderna debería:
- Facilitar vías regulares y controladas.
- Fiscalizar efectivamente.
- Resolver solicitudes oportunamente.
- Combatir el crimen organizado.
- Evitar la explotación laboral.
- Favorecer la integración.
- Garantizar el debido proceso.
- Proteger especialmente a niños, niñas y adolescentes.
- Promover información pública basada en hechos.
No todos caben en el mismo saco
Detrás de la palabra “inmigrante” existen millones de historias diferentes.
Hay trabajadores.
Profesionales.
Estudiantes.
Emprendedores.
Madres.
Padres.
Niños.
Adultos mayores.
Personas que llegaron regularmente.
Personas que quedaron irregulares.
Personas que buscan protección.
Personas que simplemente buscan una oportunidad.
Y, como ocurre en cualquier sociedad, también existen personas que cometen delitos y deben responder individualmente por ellos.
La madurez de una política pública está precisamente en saber distinguir unas situaciones de otras.
Conclusión
Chile enfrenta un desafío migratorio real que requiere control, institucionalidad y cumplimiento de la ley.
Pero un sistema efectivo también necesita humanidad, eficiencia administrativa e integración.
Criminalizar indiscriminadamente no resuelve la irregularidad.
Ignorar los problemas tampoco.
La solución está en desarrollar políticas públicas capaces de distinguir entre seguridad, migración, integración y derechos.
Solo así podremos abandonar los clichés y comenzar a observar algo mucho más importante:
detrás de cada expediente migratorio existe una persona.
Y detrás de cada persona existe una historia que merece ser evaluada individualmente.
